Completamente arrepentido y sumido en un mar de lágrimas mientras veía, impotente y desesperado, cómo su compañero de trabajo, Cristian, de 25 años, moría desangrado sobre la acera, a pesar de sus inútiles esfuerzos por taponarle la hemorragia causada por la cuchillada que él mismo acababa de asestarle durante una absurda discusión por un pique laboral en la peluquería de València en la que trabajaban ambos. Así es como se encontraron al autor confeso del homicidio los primeros agentes de la Policía Nacional que llegaron a la barbería, tras ser avisados por un grupo de viandantes que les salieron al paso recién ocurrido el hecho, cuando ni siquiera habían entrado aún las llamadas de alerta al teléfono de Emergencias 112.
