«Tenía un contrato en exclusiva, un documento que refleja de facto la custodia sobre una jugadora de tenis a la que entrenaba desde que tenía 11 años de edad». «Tuvo control total de todos los aspectos de su vida durante ocho años, y no solo de los deportivos, el control fue hasta tal punto que no tenía amistades, le pedía permiso para comer, para descansar, para todo; caminaba siempre detrás de su entrenador y se mostraba sumisa y obediente».
