«Salma es una criaturita. Yo soy mayor que ella 30 años y la tengo como si fuera mi hija. Cuando la pandemia, lo estaba pasando tan mal la ‘pobretica’… se quedó sin trabajo, no podía pagar el alquiler… y ahí fue cuando la conocí y desde entonces la estoy intentando ayudar con lo que puedo». Así comienza su relato Juan, el hombre al que acudió la mujer que pasó casi dos años secuestrada en una casa de la huerta de Murcia cuando pudo saltar el muro y liberarse.
