Había pagado 2.000 euros, había seguido todas las indicaciones de una clínica de Santa Cruz de Tenerife y ya estaba preparado en el quirófano para someterse al trasplante capilar que había contratado. El doctor le preguntó si padecía alguna patología y el paciente comunicó que tenía VIH indetectable. La respuesta del facultativo, cuya titulación además no ha homologado en España, fue suspender la intervención sin más. En cuestión de minutos, el paciente pasó de la expectativa de resolver un problema estético que le preocupaba desde hacía tiempo a sentirse señalado y rechazado por una patología que no suponía riesgo de transmisión en ese contexto. Aquella situación le provocó «una profunda sensación de humillación, angustia e indefensión», que afectó a su bienestar emocional durante meses con un diagnóstico de síndrome de ansiedad y una baja laboral.
