

La extinción del incendio de un vehículo esta misma tarde en la autopista del Sur (TF-1), a la altura del municipio de Arona (kilómetro 66, sentido sur), ha vuelto a poner de manifiesto un problema que se ha repetido en las carreteras tinerfeñas durante los últimos meses. Aunque el incidente se saldó sin heridos, este tipo de siniestros genera una pregunta recurrente entre los conductores: ¿por qué pasa tanto?
Frente a la creencia común de que el fuego solo aparece tras un accidente grave, los análisis periciales demuestran que la mayoría de estos sucesos tienen un origen técnico. Según explica el Real Automóvil Club de España (RACE), el compartimento del motor es un área crítica donde “un fallo técnico acaba generando una combinación de material inflamable y una fuente de calor”, dos elementos que conviven de forma permanente en cualquier automóvil.
Las causas principales del fuego en el vehículo
De acuerdo con los informes del RACE, los factores que aumentan el riesgo de sufrir un incendio en carretera están vinculados principalmente al envejecimiento del vehículo, las modificaciones no autorizadas o un mantenimiento insuficiente, localizándose el origen en los siguientes puntos:
- Fugas de combustible y líquidos inflamables: el desgaste o la corrosión en los conductos del sistema de alimentación pueden provocar pérdidas de estanqueidad. El RACE advierte que “cuando el combustible entra en contacto con superficies que trabajan a alta temperatura —como el colector de escape—, el riesgo de ignición aumenta de forma considerable”. Asimismo, el derrame de aceite del motor o de la transmisión sobre zonas calientes es una causa frecuente en los informes periciales.
- Fallos eléctricos y cortocircuitos: en los vehículos modernos, el cableado alimenta decenas de sistemas electrónicos. Si una conexión se afloja o el aislamiento se deteriora, puede producirse un cortocircuito que eleve la temperatura o genere una chispa. El organismo técnico subraya que “las instalaciones eléctricas no homologadas —como equipos de sonido, sistemas de iluminación o accesorios conectados sin la protección adecuada— incrementan este riesgo”.
- Sobrecalentamiento de componentes mecánicos: defectos en el sistema de refrigeración, como un radiador obstruido o una bomba de agua averiada, provocan subidas térmicas anómalas. Componentes que operan a temperaturas muy elevadas, como el turbo o el catalizador, pueden convertirse en el detonante del fuego si en su entorno existen restos de suciedad o grasa acumulada.
- Daños derivados de impactos previos: un golpe leve contra un bache o una colisión menor pueden dañar los conductos de combustible o el cableado sin que el conductor lo perciba en el momento. El riesgo puede manifestarse minutos después, cuando el calor del motor entra en contacto con la pérdida resultante.
- Sistemas de alto voltaje: en los coches híbridos y eléctricos, el foco se desplaza a las celdas de iones de litio de la batería. Si sufren un daño estructural o una anomalía térmica, se puede producir una “fuga térmica”, que es un aumento descontrolado de la temperatura en cadena. El RACE aclara que “no se trata de un fenómeno espontáneo ni habitual”, pero su extinción es más compleja.
Prevención y pautas de actuación en carretera
Para reducir las posibilidades de un siniestro de este tipo, los expertos recomiendan realizar los mantenimientos periódicos indicados por el fabricante, limpiar el compartimento del motor de residuos y no ignorar síntomas como el olor a carburante o los testigos de temperatura en el cuadro.
En caso de detectar humo o llamas en marcha, el protocolo de seguridad exige detener el vehículo de inmediato en un lugar seguro fuera de la calzada, apagar el motor y evacuar a los ocupantes a una distancia mínima de 50 metros. Ante esta situación, el RACE señala un error común y peligroso que jamás debe cometerse: “No abras el capó si el fuego se origina en el compartimento del motor”, dado que “al abrirlo se introduce oxígeno que puede avivar las llamas de forma brusca”.
Tras ponerse a salvo, se debe avisar de inmediato al 112, especificando si el vehículo es eléctrico o híbrido, y priorizar siempre la integridad física por encima de los bienes materiales.
