Mientras esperan que salga la sentencia que va a marcar para siempre sus vidas, los padres del caso bautizado como la «casa de los horrores» de Oviedo no se quitan de la cabeza a sus hijos. Llevan un año entre rejas, preventivos desde que salió a la luz que los pequeños llevaban casi cuatro aislados en un chalé de Fitoria porque el matrimonio tenía un miedo patológico a las enfermedades a raíz del Covid y pensaban que así protegían a los menores, dos gemelos que por entonces tenían ocho años y su hermano de diez. Sus abogados aseguran que todavía no se explican por qué están en la cárcel y que cada vez que se comunican con ellos no paran de repetir la misma frase: «Estamos rotos sin nuestros hijos, sólo queremos estar con los niños».
