«Nunca antes había pasado algo así por aquí», decía el viernes por la mañana una vecina de Villanueva de la Cañada que pasaba por delante de la biblioteca municipal donde fue asesinado David G.P. el día anterior, mirada baja, rostro serio y paso apretado. «Qué miedo ahora», añadía. Un miedo que, junto a la rabia y el dolor, son las emociones dominantes en la localidad desde la tarde del jueves, cuando una policía fuera de servicio descubrió al niño, de 11 años, con el cuerpo cosido a puñaladas y la vida pendiendo de un hilo.
