De subirse de pequeño a la azotea de su casa en La Palma para ver con prismáticos a las aeronaves a llevar con sus propias manos un Binter; Sergio Hernández convirtió su pasión en su trabajo, pero no fue un camino de rosas
De subirse de pequeño a la azotea de su casa en La Palma para ver con prismáticos a las aeronaves a llevar con sus propias manos un Binter; Sergio Hernández convirtió su pasión en su trabajo, pero no fue un camino de rosas
De subirse de pequeño a la azotea de su casa en La Palma para ver con prismáticos a las aeronaves a llevar con sus propias manos un Binter; Sergio Hernández convirtió su pasión en su trabajo, pero no fue un camino de rosas
