Accedía a los vestuarios de los menores de entre 8 y 11 años a los que entrenaba en equipos de benjamines y alevines de un club de fútbol de Barcelona y, sentado en un banco, les observaba fijamente mientras se duchaban desnudos y, con el pretexto de hacerles cosquillas, les tocaba los genitales, las piernas y el culo con el único propósito de satisfacer su “ánimo libidinoso”. A uno de los chicos, incluso, le solía pellizcar la ingle mientras le decía: “Grita como una putita”. El acusado entrenó después en un club histórico de un barrio de Badalona. Un juzgado de esta localidad abrió en su día otra investigación por sucesos similares.
