

El rugido del mar en la costa de La Guancha ha sido este domingo un poco más solemne. Justo un año después de la tragedia que conmocionó al norte de Tenerife, medio centenar de personas se han concentrado en la piscina natural del Charco del Viento para honrar la memoria de Arek, el joven polaco de 15 años desaparecido en Tenerife que fue arrastrado por una ola gigante mientras disfrutaba de sus vacaciones en familia.
El acto ha tenido como protagonistas a los propios familiares del menor, quienes han viajado expresamente desde Polonia para cerrar un círculo de dolor y agradecimiento en el mismo punto donde se perdió el rastro de Arek. Organizado por la Asociación ‘Canarias, 1500 km de Costa’ con el apoyo del Ayuntamiento de La Guancha, el homenaje ha servido para descubrir una placa conmemorativa en recuerdo del joven.
Un mensaje de gratitud desde Polonia por el desaparecido en Tenerife
En un momento de profunda emoción, la familia de Arek dedicó unas palabras en su lengua materna para agradecer el despliegue humano sin precedentes que se volcó en su búsqueda. Hicieron especial hincapié en el esfuerzo del Gobierno regional y de los medios aéreos, marítimos y terrestres que trabajaron durante días en condiciones marítimas muy adversas.
Además, los familiares quisieron destacar la labor de los más de 30 voluntarios —entre ellos bomberos, policías, buceadores y apneístas— que, tras el cese del operativo oficial, continuaron rastreando la costa de forma altruista en tres convocatorias posteriores organizadas por la asociación. “A pesar del resultado negativo, el apoyo de Canarias nunca nos hizo sentir solos”, expresaron.
La lucha contra los ahogamientos en las islas
El memorial de Arek no solo ha sido un acto de duelo, sino también un recordatorio de la peligrosidad de la costa canaria. Desde ‘Canarias, 1500 km de Costa’ se insiste en la necesidad de la prevención para evitar que otras familias pasen por el mismo calvario.
El joven de 15 años desapareció en un incidente donde otros miembros de su familia también se vieron afectados por el golpe de mar, aunque lograron salvar la vida. Hoy, una placa en el Charco del Viento custodia su memoria y recuerda a residentes y turistas la fuerza imprevista del Atlántico.
