Para un investigador de homicidios, dicen, tan descorazonador es que una víctima no tenga ni dobleces ni enemigo alguno en su vida, como justo lo contrario, que los candidatos a terminar en el banquillo de los acusados se apilen hasta el punto de no dejarle ver el bosque. Elementos de distorsión, lo llaman algunos. Y el del controvertido exalcalde de Gandía Arturo Torró es exactamente uno de esos casos. Polémico como político, discutido como empresario, bizarro en sus negocios, arriesgado, temerario, incluso, en sus emprendimientos, Torró era encontrado muerto, asesinado, de un tiro en el pecho, hace ahora un año, en la tarde del 19 de febrero de 2025. En el lugar más inesperado, el arcén de la autovía A-38, a la altura del kilómetro 37, junto al último tramo que queda, ya inutilizado, de la antigua N-332. El cuerpo sin vida del exalcalde yacía caído a los pies de un arbusto, a unos ocho metros y ligeramente a la derecha del frontal de su coche, un Mercedes C 220 coupé rojo jacinto metalizado, con los faros encendidos -sin luces de emergencia- y el motor en marcha. Han pasado doce meses y el grupo de Homicidios de la Guardia Civil está ahora mucho más cerca de resolverlo. Pero no como parecía.
