Desde hacía más de un mes, el nombre de Dámaso Rodríguez Martín, conocido como El Brujo o Maso resonaba en cada conversación que se entablaba en una cafetería o mientras se guardaba turno en la charcutería del supermercado o en una cola en el banco. En la edición canaria de los informativos de Televisión Española o en los periódicos regionales de la época, se informaba a diario sobre la intensa búsqueda de El Brujo por los montes de Anaga, en el nordeste de Tenerife. El Brujo, un preso que en un permiso penitenciario asesinó a un matrimonio de turistas alemanes y se dio a la fuga.
